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Seguir comprandoMighty+ o Venty: cuál elegir en 2026
Entre el Mighty+ y el Venty no hay diferencia de vapor que justifique cincuenta euros. Lo que compras con el Venty es caudal de aire y cuarenta segundos menos de espera.
Los dos salen de la misma fábrica en Tuttlingen, los dos calientan con el mismo criterio y los dos duran años si no los maltratas. Así que la pregunta útil no es cuál vaporiza mejor: la diferencia de calidad de vapor entre un Mighty+ y un Venty es bastante más pequeña de lo que sugieren los 50 euros que los separan, uno en el entorno de los 400 y el otro cerca de los 450. La pregunta es qué haces tú con el aparato. Cuántas caladas seguidas, con cuánta gente, en la calle o en el sofá, y cuánta paciencia tienes a las siete de la mañana con el abrigo puesto.
El caudal de aire es el único cambio estructural
Todo lo demás entre estos dos son mejoras de grado. Esto no. El Mighty+ tiene una restricción fija: la rejilla de la cámara y la unidad de enfriamiento marcan la resistencia y tú no puedes tocarla. Tiras y entra el aire que entra. Es una calada apretada, parecida a la de una pajita fina, que a mucha gente le gusta porque concentra el vapor, y que a otra le cansa a la tercera sesión del día.
El Venty lleva una válvula giratoria en la base que abre el paso hasta 20 l/min. Storz & Bickel no publica el caudal del Mighty+, así que cualquier comparación numérica directa es humo; lo que se nota al pasar de uno a otro sin soltar el cargamento es que el Venty mueve bastante más aire con la válvula abierta del todo. Una calada de tres segundos en el Venty abierto extrae lo que en el Mighty+ te cuesta cinco o seis.
Eso tiene consecuencias que conviene entender antes de pagar la diferencia. Más aire significa más extracción por calada, pero también más enfriamiento de la carga: el aire que entra se lleva temperatura de la hierba. El Venty lo compensa con más potencia de calentamiento, y por eso recupera la temperatura entre caladas casi sin bajón. Menos aire, el caso del Mighty+, significa más tiempo de contacto: vapor más denso, más caliente y más agresivo en garganta, con la misma cantidad de material. Ni mejor ni peor, distinto.
Lo interesante es que la válvula del Venty se cierra. Con el caudal al mínimo tienes una calada muy parecida a la del Mighty+, así que el Venty hace las dos cosas y el Mighty+ solo una. Si vaporizas siempre solo, sentado y sin prisa, esa versatilidad se queda en un lujo. Si pasas el aparato en una mesa de cinco, es la diferencia entre que la ronda fluya o que cada uno tire como si soplara por una cañita.
El Venty no vaporiza mejor que el Mighty+: vaporiza más rápido y con menos resistencia, y eso solo lo notas de verdad acompañado.
Veinte segundos frente a sesenta
El Mighty+ tarda alrededor de 60 segundos en llegar a 180 °C desde frío, y bastante más si le pides 210 °C. El Venty está listo en unos 20 segundos para 180 °C y en torno a medio minuto para el tope. Sobre el papel es un tres a uno; en la vida real depende de cuándo lo usas.
Si vaporizas tres veces al día en casa, ese minuto extra del Mighty+ es el tiempo que tardas en moler y cargar. No molesta a nadie. Si estás en la calle en enero, con guantes, esperando a que el display deje de parpadear, la cosa cambia. Y cambia mucho en uso de grupo, cuando el aparato se apaga solo tras un par de minutos sin calada y hay que volver a subir. El Venty perdona los tiempos muertos; el Mighty+ los cobra.
Un error típico con el Mighty+ es cargar la cámara antes de precalentar y dejar la hierba dentro el minuto entero. No la quemas, pero la tuestas: el primer golpe sale plano y con sabor a palomita. Se precalienta en vacío, se carga y se empieza. Con el Venty el margen es tan corto que el fallo casi no existe. Por lo demás, ambos llegan a 210 °C y ambos trabajan bien en la franja útil: 175-185 °C para sabor, 190-200 °C para densidad, 205 °C en adelante solo para apurar una carga ya gastada.
Carga, batería y cuánto aguanta de verdad
Los dos son USB-C, que ya era hora. El Mighty+ estrenó en la gama la carga rápida Supercharge: con un cargador de 2 A alcanza el 80 % en unos 40 minutos y llena del todo en algo más de una hora y media. El Venty va un paso por delante porque admite USB-C Power Delivery: de vacío a lleno en unos 40 minutos, y unos minutos enchufado te dan una sesión larga. Si lo cargas con el ladrillo de 5 W del cajón, ese dato no existe. Hace falta un cargador PD decente, y conviene comprarlo a la vez que el aparato.
La autonomía es la cara B del caudal. El Mighty+ ronda los 90 minutos de uso continuo, que en la práctica son seis u ocho cargas de cámara antes de pedir enchufe. El Venty se queda entre 50 y 60 minutos, cuatro o cinco cargas, precisamente porque calienta más fuerte y compensa todo ese aire que entra. Quien va de festival o de ruta debería contar sesiones, no minutos, y meter una batería externa con PD en la mochila.
Los dos funcionan enchufados, que es la solución real en casa y en barra. Y en los dos las celdas van selladas: no se cambian con la uña, las sustituye el servicio técnico. Con uso diario intenso la batería empieza a notarse a los tres o cuatro años, y ese es el momento en el que el aparato entra a reparación en lugar de a la basura. Es parte de por qué cuestan lo que cuestan.
Las cifras, una al lado de la otra
Los datos que importan para decidir, sin florituras. Los tiempos de calentamiento están medidos desde frío hasta 180 °C y los precios son orientativos, porque se mueven con cada revisión de tarifa.
| Característica | Mighty+ | Venty |
|---|---|---|
| Precio orientativo | ~400 € | ~450 € |
| Calentamiento hasta 180 °C | ~60 s | ~20 s |
| Caudal de aire | Fijo, sin regulación | Regulable, hasta 20 l/min |
| Rango de temperatura | 40-210 °C | 40-210 °C, ajuste fino con la app |
| Carga completa | ~100 min (80 % en 40 min) | ~40 min con cargador USB-C PD |
| Autonomía por carga | ~90 min de uso | ~50-60 min de uso |
| Peso | ~235 g | ~320 g |
| Formato | 140 x 80 x 30 mm | Similar de alto y ancho, más grueso |
| Capacidad de cámara | 0,2-0,3 g (cápsulas compatibles) | 0,2-0,3 g (cápsulas compatibles) |
La fila del peso es la que más gente subestima. Ochenta gramos largos y un cuerpo más grueso no parecen nada escritos, pero el Venty ya no es un aparato de bolsillo de pantalón: es de bolsillo de abrigo, de bandolera o de mesa. El Mighty+ tampoco es discreto, que nadie se engañe, pero entra donde el Venty no entra.
Limpieza, piezas de desgaste y ruido
Aquí gana el Venty por diseño, aunque la diferencia es menor de lo que cuentan. La unidad de enfriamiento del Mighty+ se desmonta en varias piezas y tiene juntas pequeñas que acaban rodando por el suelo. La del Venty se abre con un giro corto, tiene menos piezas sueltas y se limpia en menos tiempo. Las dos aguantan isopropílico al 99 %: media hora en remojo como mucho, cepillo, aclarado con agua y secado completo antes de volver a montar.
Lo que no aguanta isopropílico son las juntas de silicona. Se resecan, pierden agarre y empiezan las fugas de aire, que es el motivo número uno de las quejas tipo tira poco sin razón aparente. Las juntas se sacan antes del remojo y se sustituyen cuando se ponen rígidas, entre seis meses y un año con uso diario. El kit de sellado y la rejilla de la cámara son las dos piezas de desgaste reales; el resto del aparato no se rompe salvo caída.
La rutina que funciona en la práctica: cepillar la rejilla cada ocho o diez cargas, desmontar y remojar la unidad de enfriamiento cada treinta. Nunca meter el cuerpo del aparato en líquido. Y no moler demasiado fino: el polvo pasa la rejilla, se pega a la ruta de aire y convierte una limpieza de cinco minutos en una de veinte. Molido medio, carga ligeramente presionada, sin apelmazar. En el Venty hay una pieza más a vigilar, la propia válvula de caudal, que con resina se vuelve dura de girar.
Del ruido hay poco que decir y conviene decirlo claro: ninguno de los dos lleva ventilador, así que no hay motor que zumbe. Lo único que suena es el aire. El Venty con la válvula abierta del todo hace un siseo perceptible, más que el Mighty+, simplemente porque pasa más caudal por el mismo hueco. Los dos vibran para avisar de que han llegado a temperatura, y esa vibración se oye más en una mesa de madera que el propio vapor.
A quién le compensa el sobreprecio
El Venty compensa si vaporizas acompañado de forma habitual, si el aparato va a rondar una mesa, si te molesta esperar un minuto o si tienes menos capacidad pulmonar y una calada apretada te fatiga. Compensa también si valoras cargarlo mientras te duchas y que se actualice por Bluetooth desde el móvil, cosa que el Mighty+ no hace. Ese es el perfil: sesión social, prisa y ganas de mandar sobre el aire.
El Mighty+ compensa si vaporizas solo o de dos en dos, si priorizas sabor a 175-185 °C con caladas largas y calmadas, si quieres algo más ligero para llevar encima y si prefieres gastar 50 euros menos en el aparato y ponerlos en material. Es además el modelo con más recorrido de la casa, con repuestos por todas partes y una fiabilidad ya demostrada a lo largo de años de uso diario. No es la opción barata, es la opción madura.
Hay un tercer caso que nadie plantea y que aparece cada semana: el que ya tiene un Mighty o un Mighty+ funcionando. Ahí el cambio al Venty no se justifica por vapor, porque no lo hay; se justifica solo si la espera y la resistencia al tirar te están molestando de verdad. Si no es el caso, el dinero rinde más en un molinillo decente, un kit de juntas de repuesto y un juego de cápsulas.
Lo que no vale como argumento es el vapor. Con la misma hierba, la misma temperatura y el mismo molido, un Mighty+ bien limpio y un Venty dan un resultado muy parecido, y quien te diga que hay un abismo no ha hecho la prueba a ciegas. Se paga velocidad, caudal y comodidad, no calidad de extracción. Si el presupuesto está justo, el Mighty+ no es el premio de consolación: es el mismo nivel de vaporización por menos dinero y con bastante menos peso en el bolsillo.